ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.

viernes, 12 de enero de 2018

Reyes rayados

Quienes insisten en posar sus ojos sobre las líneas de este blog conocen sobremanera que su autor no se cansa de diseccionar los artículos publicados por el multiopinólogo Licenciado Emilio Notuyo en el periódico La Corneta, propiedad de su tía Irene Secarro -aduladora de toda clase de poderosos y famosos faranduleros de tres al cuarto- quien prohija a Notuyo como un diamante -u otra piedra- en bruto que pronto dara a conocer todo su potencial en algún área del conocimiento.
El polígrafo de marras expláyase sobre diversas temáticas, tantas que parece haberse convertido en el todólogo que todo lo ve y todo lo analiza.
En el número de hoy de La Corneta, debido a que el horóscopo de la astróloga Estrella Danunchoke ha tomado sus vacaciones, Notuyo se explaya para beneplácito de los correctores ortográficos que duplican su tarea.

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Doxa. Columna de opinión del licenciado Emilio Notuyo
Reyes rayados
Para creerse uno rey debe estar rematadamente loco o gozar de una razón completamente turbada por emociones demasiado violentas. O, tercera posibilidad, no tener otra alternativa.
Claro, una cosa es ser el más fuerte de la tribu o clan -o destacarse por cierta sabiduría- y por ello imponerse a sus pares y no contento con ello disponerse a mil batallas al frente de sus súbditos con el fin de obtener recursos o ampliar fronteras con tierras más fértiles o agenciarse mano de obra esclava -como se ha procedido siglos atrás- para construir refugios, parapetos o acueductos.
Otra cosa es ser un inútil ramplón que hereda una corona de otros ramplones haraganes que ganan condecoraciones por ser hijos de alguien y cuya única virtud consiste en manifestarse ardientes partidarios de la ecología.
Es difícil explicar por qué países como España, Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Noruega, Suecia, Dinamarca, Países Bajos, Reino de Bélgica, Liechtenstein, Mónaco y Luxemburgo (por mencionar solo europeos) perseveran en esas formas arcaicas; sobre todo sería interesante oír de boca del propio monarca (todos son presentados como dechados de virtudes, así que no les sería difícil) una explicación coherente de por qué no arrojan por la borda ese bartulaje de la pretendida nobleza.
Sospecho que no tienen alternativa. Que aunque ninguno se gana el pan con el sudor -salvo reyes de Marruecos, Lesotho, Tonga o algún otro reino tropical- no pueden hacer otra cosa que ser tales, sobre todo porque la sociedad no soportaría la existencial angustia de reconocerse iguales, que a dios no le cabe reconocer su historia como sagrada y que como reza el adagio ajedrecístico: terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja.
Reivindico desde esta columna a Orélie Antoine de Tounens que fundó un reino de Patagonia y Araucania, el tipo estaba pirado. Pero al menos no decía que Dios lo eligió para ser mejor que los demás.
Reivindico a Maradona, un chiflado de aquellos, que supo emocionarnos a los argentinos hasta las lágrimas.
Reivindico a Ollantay -decididamente rayado- quien pretendió de la hija del inca Pachacutec, que no claudicó.
Reivindico a Bobby Fischer, otro locazo inigualable, que más que nadie percibió la mentira del imperio de yanquilandia.
Reivindico a todos los reyes locos declarados, quienes merecen mejores coronas que los architataranietos de quienes estuvieron en un campo de batalla.

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Dejamos aquí la lectura. Notuyo nos pone en una incómoda posición de lectores cuya reposera tambalea. Sus análisis son difusos, como sus razones, pero hagamos de tripas corazón y confiemos en que nos obliguen a pensar. Mientras, seamos locos reyes del carnaval que nos espera en un mes.



Más (y mucho más interesantes) Cuentos Reales en LAZOS Y RAÍCES


miércoles, 3 de enero de 2018

El dije, te dije

Te dije lo del dije.
Que iba a traer problemas, eso te dije.
Eras de las que caminaban a paso firme aun con las baldosas flojas después de la lluvia. Seguirte era una aventura, ibas decidida, las veredas se arrellanaban cuando presentían que venías. Seguirte imponía la extraña obligación de desprenderse de toda pesadumbre, había que casi flotar sobre el suelo para poder enunciar esa resobada frase de caminamos juntos.
Llevabas la soltura como ese distintivo inequívoco y refulgente que me llevó algún día atrás a saber que no hubo ni habrá otra mujer en la tierra capaz de estallar mis ojos en colores de cartel de magical mystery tour. Y no llevabas collares ni anillos ni cadenas. Solo un par de aritos toroidales, diríase insignificantes, un poco tribales, como para dar a entender que una modesta vanidad puede ser un atavío dígno y precioso a la vez.
En el pelo, nada. O una cinta, un cordón, o algo que prestase utilidad cuando te disponías a leer, que era la obra más seductora de cuantas elegías pergeñar para tenerme en una apenas tensa expectativa sobre esos gestos insignificantes que no sé si planificabas, pero que siempre parecía que no.
Tomás algo que te encanta y caes en el encantamiento, tan así es. Y un encantamiento hace lo posible para mantenerte en ese estado, encantada. Se me ocurre que lo único que pretende un encantamiento en el caso de asignarle una voluntad es lo de mantenerte en ese estado donde quedan como retenidos algunos de los rasgos que se te hicieron naturales, precisamente por esa extraña voluntad externa que dejamos que someta a la interna.
Y tuvieron que regalarte ese dije. ¡Un dije! Un dije no es nada, tenga forma de mandala, crucifijo o pentagrama es un cachito de material con una forma caprichosa a la que la gente le asigna algún valor, a veces mágico, a veces depósito de nuestros deseos y anhelos, a veces algún poder protector. Te lo dije, no te hace falta lucir ese dije. En todo caso el dije se luce con vos, pero nada más. A vos no te suma nada, ni gracia ni belleza, lo que sería casi una tarea imposible.
Por supuesto, te lo colgaste -de lo contrario no estaría escribiendo estas desgarradas líneas- a minutos de que tus ojos vivaces lo acariciaran indeciblemente. Al principio, como en las pésimas películas de terror, no pasó nada. Solamente te vi llevar un par de veces la mano sobre el escote para notar si estaba allí lo que sabías que estaba. Farfullé para adentro que era la falta de costumbre y que ya iba a pasar, que un día te lo sacarías y chau pinela, no más metalitos sobre la piel. Tomaba distancia solamente para observar si la presencia del diminuto artefacto era capaz de engalanarte en algo, de aportar un brillo, de destacar tu figura. Nada.
Una noche de esas que ansiábamos compartir a solas me pediste que tenga cuidado con mis caricias -confieso que no soy precisamente un terciopelo en cuestiones de la pasión- porque podía hacer caer el dije. Tuve que moderarme en algo que días atrás dejábamos fluir en complicidad riente.
A la semana elegías la ropa para que combine con el dije. Yo, que adoraba esa libertad que era tu olor y aura, que te ponía por sobre lo que te vestía, te sentí un poco acotada, embretada por lo que el maldito dije decía y ordenaba.

Con qué necesidad toma uno algo que no necesita, me preguntaba.  Hay que acordarse de quien fue uno, para luego aprestarse a reconocer quien ya no es. Y por supuesto, qué queda de lo que uno fue. Te lo advertí, en uno de esos escasos momentos clarividentes de mi vida. Pero no, vos vas y metés la cabeza en las fauces del bicho. No sin sentido se dijo siempre eso del poseer. Uno posee las cosas que lo poseen.

Así fue y así lo cuento, para que escriba quien puede, para que escriba mi hermana -a quien tanto debo y deberé- ya que ella es mi voz y mi letra desde el día que entre el dije y yo no quedó más (irremediablemente, creo) que una elección. Y la hiciste. Hundiste mi pupila izquierda con la colita del extraño símbolo que no decía nada pero punzaba tu ánimo. No alcancé a cubrirme el ojo herido que sentí la misma puñalada en el otro.
Hoy no recuerdo tu belleza, solo martilla mis cuencas huecas ese simbolito inocente del dije que -te lo dije- no te era necesario.



Aporte para los relatos jueveros. Invitado por El Demiurgo de Hurlingham
Más relatos con giros inesperados en Desgranando momentos

sábado, 30 de diciembre de 2017

Un credo

No creo en el destino bajo ninguna de sus formas.
No hay universo al que se le ocurra conspirar en mi favor. No. No me consuelan las decisiones ajenas.
No hay hilo rojo ni energías astrales favorables. Cáncer -triste grupete de estrellitas modestas- no me depara nada (ni siquiera penas) ni el cangrejo marcha atrás por nuevas oportunidades de rehacer lo malhecho.
No está escrito lo que viene: ni la pronta muerte ni la inopinada vida ni la fortuita fortuna.
No creo en sentirse bien. No creo en liberarse de los pesos.
No creo en el hombre, no creo en la mujer. Menos en quien se erige como algo.
No creo en un dios de lo alto ni en la energía suprema ni en el principio de atracción.
No creo en las medallas, los daños, las cadenas.
No creo en la santidad de los animales versus la maldad de la gente.
No creo en el traje y la corbata.
No creo en la dignidad de los cargos, ninguno. Ni creo que las fronteras delimiten dignidad.
No creo que la mayoría tenga razón. Solo es mayoría.

Creo, sí, en mis hijas con devoción. En el calor moreno de tus formas. Creo en tus ojos y en tu voz que todo lo crea.
Creo en las canciones de los Beatles, creo en la historia y en el genial invento de los libros.
Creo en las manos de mi viejo y el don de mi madre.
Creo en el canto y la poesía. Y en el que quiere cantar.
Creo en el mate.
Creo en el cielo que me besa en el Champaquí. Y creo en el dolor.
Creo en las cicatrices y en el peso que llevan mis hombros.
Creo en el parto, la flor y en gambetear a la muerte cuando ronda.
Creo en lo que hacemos entre todos. Creo en las mujeres y los hombres. Creo en las comunidades.
En mis errores, en mis pecados y mí como tierra que camina.

Me gusta creer en un dios que acompaña, que está, en un yavé de manos gastadas (manos de mi viejo y don de mi madre a la vez).
Me gusta creer en una tierra abonada por generaciones de seres que sabían que iban a morir y que iban a morir sus hijos y los hijos de sus hijos y aun con la muerte como horizonte dieron más vida.
Me gusta creer en la gente que no desprecia al diferente ni al desfavorecido.
Me gusta creer en los que elijo como compañeros de viaje. Y tal vez en los tercos que me eligen.
Me gusta creer -por fin- en la esperanza, esa porfiada actitud de espera aferrando la lanza para hacer que las cosas sucedan, aun -y más- cuando sabios y poderosos recomienden sentarse a mirar lo fatalmente ineluctable.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Gente ignota: Chappe IV

continúa de Gente ignota: Chappe I,  II y III


1800: - ¿A qué se debe la visita de tan importante dignatario, monsieur Charles Maurice de Talleyrand?
- Por fin conozco a Claude Chappe, el genio que ha permitido interconectar los puntos neurálgicos de Francia. ¿Mi visita? Ya verá... mientras cuénteme de este maravilloso sistema, s'il vous plaît.  
- Como ve, este diseño consta de dos brazos -llamados indicadores- con contrapesos conectados por un travesaño que se llama regulador. Cada brazo tiene siete posiciones y el travesaño cuatro. En total, puede adoptar 196 posiciones. Con ello podemos transmitir alfabeto en mayúsculas y minúsculas, números, signos de puntuación y distintas señales de servicio para pasar información adicional.
- Muy ingenioso, Chappe. Pero no deja de ser un sistema frágil.
- Es preferible un sistema frágil a ninguno.
- Quizás... Aunque demandará mucha mano de obra. A dos operarios cada 15 kilómetros, se tiene unos 80 operarios por cada 600 kilómetros de líneas. Eso sin contar mantenimiento y capacitación. Enseñar todos esos códigos demandará demasiado tiempo.
- No se equivoque, monsieur Talleyrand. La capacitación es mínima. Solamente en los extremos de las líneas hay que capacitar fuertemente. Sin embargo, en las estaciones intermedias -que son la mayoría- los operarios no deben conocer los códigos, solo reproducirlos en sus manivelas y asegurarse por medio del telescopio que el mensaje llegue.
- Digame una cosa, Chappe, ahora que nadie nos escucha...
- Oigo.
- ¿Cree usted que los franceses son tontos?
- Para nada, monsieur Talleyrand.
- Entonces, ¿cómo cree que tomaremos el modo en que usted copió este sistema de comunicación a otros países?
- ¡Eso es mentira!
- ¡Ja! No se ponga nervioso, Chappe. Francia hará uso igual de sus servicios, aunque su fama caiga en la peor de los pozos y tal vez sus ahorros si las demandas arrecian. El Primer Cónsul Bonaparte está al tanto de todo y se interesa por su sistema. Pero hay poderes que trascienden las fronteras y la república está en peligro, esta vez por su culpa.
- ¿Por mi culpa? Pero... ¡es injusto! ¿Quién ha sido capaz de semejante..?
- Usted se ha relacionado con gente no demasiado recomendable, como Brèguet, Miot de Mélito y otros.
- ¡Esos tipos están en otros países!
- Es lo que quería escuchar. Alguno de ellos le trae información y usted la vende al gobierno, estamos seguros. No olvide que soy un diplomático recibido en todas las cortes y me manejo allí como pez en el agua...
- ¡Por el contrario! Si mi sistema se asemeja a otros es porque de alguno de ellos se llevó al exterior mi creación.
- Deberá demostrarlo. Siendo así, usted puede haber vendido secretos de Francia. En cualquier caso, sépase sospechado.
- ¡Ough! Otra vez, mi cogotito...

Talleyrand
1804: - Bienvenido a mis aposentos de Gran Chambelán, monsieur Chappe. Lo esperaba.
- Monsieur Talleyrand, yo...
- Cht, cht, nada de Talleyrand, se dirigirá a mí como Príncipe de Benevento.
- ¿Pr... príncipe?
- Soy el segundo al mando de toda Francia que se unificará bajo el poder de Napoleón Bonaparte. Pronto será el Emperador de todos los franceses.
- ¿Emperador? ¿No luchamos tanto por consolidar la república?
- Ah, la república, la república, bella e inspiradora ficción para el populacho...
- Glup... creo entender... monsieur Príncipe....
- Al grano. Lo llamé para agradecerle sus servicios a Francia. Llevamos más de 1500 kilómetros de líneas de su telégrafo. Y pronto habrá miles más. Los planes de Napoleón son ambiciosos, para el bien de nuestra nación, claro.
- Es tarea de mis hermanos...
- Sus hermanos trabajan a destajo para extender las líneas por todo el territorio. Son fieles, mano de obra calificada que cumplen su tarea impecablemente. Ellos no nos preocupan...
- Le agradezco, mamá estará orgullosa de ellos. 
- El que nos preocupa es usted...
- ¡Glup!
- Es demasiado inteligente como para confiar en su lealtad. Le recomendamos un descanso.
- Gracias, mi Príncipe de Benevento, pero descansaré en mi tumba, cuando me llegue la hora. Tengo muchas ideas por concretar.
- No diga sandeces. Dispondrá de un hotel en París, cómodo, con lo que solicite. No viajará mucho, no se relacionará con gente extraña, no hará más diseños ni jugando. Por su salud, claro está. Me han informado que lo tienen a mal traer algunas dolencias del... ejem... cuello, que podrían agravarse. Espero sepa entender que queremos cuidarlo.
- ¡Ough! Otra vez, mi cogotito...

23 de enero 1805: - Monsieur Chappe, ¿paseando por los jardines?
- Así es. Sébastien. De paso superviso las obras de este profundo pozo para depósito de las heces de los numerosos visitantes del hotel.
- Es impresionante, ¿vio? Las técnicas de excavación que nos hicieron llegar y aprendimos son asombrosas.
- Jajaja, ¿cómo les llegaron?
- El mayordomo nos las alcanzó. ¡Cuánto ingenio! Deben provenir de un gran inventor.
- Tal vez... a lo mejor no esté muy lejos ese inventor.
- ¿Usted..?
- Shhh... Me hace bien usar la cabeza más que para deprimirme. La inactividad, las demandas de los poderosos que plagiaron mis trabajos y las sospechas de los cortesanos tratan de arrojarme a un profundo pozo depresivo.
- A propósito, hay nuevas misivas. Debe presentarse con urgencia ante el Gran Chambelán y Príncipe de Benevento.
- No caeré en las manos de ese manipulador que tiene a Bonaparte como títere, Sébastien.
- Si no lo hace lo guillotinarán, monsieur Chappe.
- Sébastien, mi familia disfruta de una considerable fortuna. Mi madre es una dichosa anciana que ve cómo sus hijos medran y progresan por el bien de Francia. Mi invento más preciado ha resultado de una utilidad imposible de medir. Francia dispone del más perfecto sistema de comunicaciones creado jamás. En menos de un cuarto de hora, las noticias llegan a París con una precisión notable. Debo sentirme dichoso de que los míos disfruten de mi creación. Si mi vida es el costo, bien habrá valido el sacrificio.
- Bueno, tampoco sea tan tremendista. Es solo una entrevista con Talleyrand...
- No sucederá, Sébastien.
- ¿Piensa huir? ¿A otro país? 
- No, me hundiré en el pozo depresivo para no volver.
- ¿Tomará alguna pócima?
- No. Tomaré este pozo próximo. Adiós.

1812: - Pase usted, Chappe. ¿Cuál de los hermanos es usted?
- Abraham, monsieur Emperador.
- Bien, usted y sus hermanos han prestado un enorme servicio a Francia.
- Solo hemos desarrollado los diseños geniales de mi infortunado hermano Claude.
- ¿Infortunado? Oh, qué contrariedad, nadie me notificó... Aunque quedan usted y sus hermanos, los verdaderos hacedores. 
- Pero...
Telégrafo de campaña
- Calle, no tengo tiempo. Las líneas del telégrafo ya cubren más de 5000 kilómetros, adentrándose en Italia, Bélgica y Holanda. Y la experimentación con enormes torres para sortear el Paso de Calais va muy bien. Necesito con urgencia que desarrolle un telégrafo de campaña para nuestro avance en Prusia Oriental y Rusia.
- Pero... sin Claude...
- ¡Calle! Contrate expertos que lo ayuden, a costa de su fortuna, que ha hecho con los fondos de todos los franceses.
- Sí, mi Emperador, se hará.

Década de 1830: - René, nuestras arcas están llenas, pero nuestro sistema telegráfico se utiliza cada vez menos. El gobierno se desentiende por los altos costos de sostenerlo. Pronto los gastos superarán a los ingresos y ya perderá interés.
- Tengo una idea, Abraham, la vengo madurando. ¡Usémoslo para transmitir información que interese a la gente común! ¡Basta de estados y emperadores megalómanos!
- ¡Ja! ¿Y qué vas a hacer, René? ¿Pasar pronósticos del clima? La gente no se interesa por nada más que por salvarse con la lotería.
- Diste en el clavo, Abraham. Pasemos resultados de lotería. Proveeremos distribución y comunicaremos resultados de lotería.
- Buena idea. Pero te comunico otra novedad.
- ¿Cuál? ¿Otra revolución en ciernes?
- En cierto modo, René. Se viene la telegrafía eléctrica. Entre los trabajos de Oërsted y un muchachitos inglés llamado Faraday han desarrollado tanto el electromagnetismo que será inevitable el reemplazo de nuestro sistema por uno eléctrico.
- ¡Como lo proponía Claude hace cuarenta años!
- Claude... ¡cómo lo extraño, René! Siempre pienso que nos convertimos en ricos empresarios a causa de su genialidad. Genialidad de la que nunca pudo disfrutar, siempre acosado por los políticos chupasangres y por sus propios temores.
- Los genios como Claude -Abraham- no son para este mundo.
- Te equivocas, René, nuestro mundo funciona y progresa con la desgracia de muchos. Algunos a causa del hambre. Otros a causa de su genio. El porvenir dirá si estoy en lo cierto -y ojalá no lo esté- en ese caso el mundo hablará de Claude Chappe como el más ingenioso inventor de comunicación humana en tiempos donde los poderosos se encargaban de callar a los molestos con la guillotina.
Monumento en París
FIN

NOTAS

1800: Talleyrand, influyente acomodaticio francés, hace saber a Chappe que su telégrafo es similar al de otros países y lo presiona con sospechas de plagio, aun cuando el sistema de Chappe es siempre un paso más evolucionado que los demás a pesar de crearse antes. Las intrigas palaciegas y sobre todo las azuzadas por los grandes poderes comerciales lo empujan a la depresión.

1804: Talleyrand maneja el poder desde las sobras posicionando a Napoleón y sembrando dudas e intrigas sobre los intelectuales o destacados en áreas de la cultura. Parece ser que recomienda a Chappe no moverse demasiado. Un hotel de París será su residencia. El sistema ya conecta París con las principales ciudades de todo el país.

23 de enero 1805: Abrumado por la depresión y por las acusaciones de plagio de los poderosos que fueron beneficiados por su asombroso sistema de comunicación, se suicida arrojándose a un pozo en el mismo hotel en que residía.

1812: Napoleón encarga a Abraham Chappe un sistema de telégrafos portátiles para utilizar en las campañas de guerra en Oriente. A su vez encarga a Abraham intentar comunicar a través del Paso de Calais (unos 30 km) con torres altas o posibles torres intermedias con barcos. Los ensayos son positivos, pero la tensión bélica obliga a postergar las experimentaciones.

Década de 1830: El sistema comienza a decaer por los costos de mantenimiento y el desarrollo del telégrafo eléctrico, que luego lo sustituyó por completo dando lugar a la era de las comunicaciones basadas en el electromagnetismo. Los últimos usos que figuran en las crónicas refieren a la comunicación de resultados de las loterías francesas.

lunes, 16 de octubre de 2017

Gente ignota: Chappe III

 continúa de Gente ignota: Chappe I y II


julio de 1793: - Messieurs de la Convention Nationale: celebramos con júbilo los cuatro años de nuestra revolución. Celebraremos modestamente con los siguientes eventos, bla, bla, bla...
- Ignace, esto está más aburrido que pellizcar un vaso.
- Calla, Claude, quizás por una vez la Convention...
- ...bla, bla, bla, además se armarán los siguientes regimientos en defensa de la Convention, bla, bla, bla...
- Lo único que les interesa es la guerra con España, cazar a María Antonieta y vengar la muerte del gran Marat a manos de Charlotte Corday, quien seguramente será guillotinada en estos días.
- Shhh, Claude, no seas necio, toda palabra puede ser contraproducente.
- ... bla, bla,... disponer fondos y exigir la prueba crucial al telégrafo que los hermanos Chappe presentaron a la Asamblee, poniendo la salud de Claude Chappe como garantía y bla, bla, bla...
- ¡Bravo, Claude! ¡Haremos la gran prueba!
- ¿La... grap... prueba..?
- ¡¡Síiii!! ¿No estás feliz?
- Pero... si falla, glup... mi cogotito...
- Pamplinas, Claude, saldrá bien.
- Claro... total tu cabeza no está en juego.
 - No te preocupes, tomaré la precaución de avisarle a mamá si sucede alguna falla. Ah, y le mandaré a Brèguet el recado que le prometiste. 
- ¡Ough!


agosto de 1793: - Señor Inspector de la Convention, nos encontramos en esta localidad cercana a Paris: Ménilmontant de Ecouen, para probar mi novedoso y eficiente telégrafo.
- ¿Qué es esta torre con esos artilugios encima? ¿Un ajedrez gigante?
- Nada de eso, estúp... ¡ouch! 
- (Shhh, recuerda tu marote, Claude.)
- (Ups, cierto, Ignace) Nada de eso, estupendo Inspector. Es una de las terminales de nuestro telégrafo.
- Ah, ¿y la otra?
- No la localizará a simple vista.
- ¡¿Cómo es eso?! ¿Qué artimaña..?
- Mire por este telescopio. ¿La ve?
- Está lejísimo. ¿Dónde la ubicó?
- En Saint-Martin-du-Terre a unos once kilómetros. Allí está mi hermano menor Abraham.
- ¡A la merde! Basta de palabrerío. ¡Que empiece la prueba! Envíe este mensaje: "¡Viva la Revolución! ¡Mueran los realistas y los ineptos!"
- Nada más sencillo. Cada letra, número o signo está codificado según una posición de las paletas superiores. Gracias al excelente mecanismo de Brèguet, mi hermano René debe sencillamente mover las manivelas en la misma posición en que desea que queden las paletas superiores. Y observar por el telescopio que en la torre siguiente se repita con precisión.
...
- ¿Ya está?
- Ya está. Puede enviar a un jinete de su confianza a verificar si se recibió correctamente.
- Enviaré a Armand, mi fiel ayudante.
...
¡Troco troc, troco troc, troco troc!
- Armand, trae rápido ese mensaje a ver si llegó bien.
- Sí, por favor, dígame qué recibieron allí. Muero de ansiedad.
- Es mejor que la guillotina, Chappe.
- ¡Glup! ¿Qué dice ese papel?
- Dice "¡Biba la Rebolusión! ¡Mueran los realistas y los hineptos!"
- ¡Malditos analfabetos! ¡Juegan con mi cabeza!
- Veremos qué dice la Convention, me basta con esto. Preséntese en una semana.
- Grap.

septiembre de 1793: -Messieurs, la Convention Nationale ha encontrado algunos inconvenientes en el telégrafo de los hermanos Chappe, aquí presentes...
- Uy, soné...
- ..que se pueden solucionar enseñando ortografía a René y Abraham Chappe. Por lo demás, considera que el sistema es excelente y que servirá para enviar mensajes a distintos puntos de Francia. Se otorga el título de Ingénieur Thélégraphe a Claude Chappe. Y sus hermanos serán responsables de construir la línea de comunicación de París a Lille -distante unos doscientos kilómetros- con los recursos financieros del estado francés. Se insta a Claude Chappe a diseñar bajo responsabilidad financiera, de materiales y mano de obra de esta Convention todos los perfeccionamientos que fueren necesarios.
- ¡Avant, Chappe, cogote a salvo!

mediados de 1794: - Chappe, usted nos está estafando.
- Sería incapaz de algo así, señor Inspector.
- Entonces, ¿por qué no ubica torres a veinte o treinta kilómetros unas de otras, dado que disponemos de telescopios tan potentes como para observar la Luna, tan lejana como está?
- Por una sencilla razón, monsieur Inspector.
- ¡Ja! Ganancias, trabajo para sus amigos, prebendas... todo a costa del estado.
- No. La Tierra es redonda.
- Eso dicen. Pero... ¿y eso qué tiene que ver?
- A más de quince kilómetros las torres se ocultan debajo del horizonte debido a la redondez del planeta.
- ¡Grap! Era en broma, claro, jejeje. Cambiemos de tema. Le tengo una buena noticia: avisaron desde Lille la captura del Condé-sur-l'Escaut, en sus cercanías.
- Bueno, para eso es mi sistema, para comunicar novedades.
- Lo que no le dije es que en París se enteraron en menos de una hora del suceso. ¡Su sistema es formidable! Con comunicaciones tan rápidas, Francia será invencible.Apenas se producen novedades, de inmediato pueden disponerse recursos para hacerles frente. ¡Extenderemos su sistema a todas las fronteras! ¡El mundo hablará de usted en la posteridad!
- Sí, me imagino, como el gran Cugnot, que no se sabe si vive o no, exiliado en Bélgica.
- A diferencia de ese Cugnot, disfrutará de riquezas para usted y su familia si triunfa definitivamente la Revolución.
- Es todo lo que deseaba, que mi madre no sufriera apuros.

octubre de 1795: ¡Tump! ¡Tump!
- ¡Eh! ¡Deje de golpear esa puerta con tanta violencia!
- ¡Déjeme entrar! ¡Francia lo requiere!
- Diga usted en qué bando está.
- En el bando de la Convention. ¡Los realistas atacan las Tullerías y estoy organizando una defensa!
- Pase usted, monsieur. Todo revolucionario es bienvenido en casa Chappe, pero prometa que se retirará enseguida. Aquí necesitamos todo el tiempo para nuestro proyecto.
- Lo haré, tan pronto como pueda. Mercí. Me encargaron armar un regimiento en defensa de la Revolución y la Convention. Tengo unas piezas de artillería a pocos metros de aquí, necesito organizar todo con Murat en un ambiente de paz. Pero... ¿qué son todos estos planos? ¿Armas?
- No, monsieur, un telégrafo.
- Un tele... ¿qué?
- Un telégrafo. Lo estoy perfeccionando. Ya es capaz de enviar mensajes a doscientos kilómetros en menos de una hora.
- ¡No lo creo! ¡Está delirando!
- Mire, este es el diploma de Ingénieur Thélégraphe que me otorgó la Convention.
- ¿Así que esto funciona? ¿Y podría extenderse a toda Francia?
- Claro que sí. Mi hermano Abraham está diseñando, con mi guía, las líneas que algún día serán el orgullo y la mejor arma de Francia. 
- ¡Fantástico! Ya nos veremos, si tengo éxito en mi empresa. Me interesa. Dejo un documento con mis datos. Páselo a su hermano.
- Muy bien, ¿de parte de..?
- De Nabulione di Buonaparte, pero ya que Córcega ahora es francesa me dieron ganas de adaptar mi nombre al idioma nacional.
- Ojalá tenga éxito en la defensa de la Convention, monsieur, los ignotos como nosotros acabamos siendo el sostén de la Revolución. ¡Vive la France!
- ¡Vive!

[continúa y finaliza en la próxima entrada]

NOTAS

 julio de 1793: La Convention dispone la prueba del sistema de Chappe entre dos estaciones distantes 11 km. Uso kilómetros priorizando la claridad de concepto, dado que aún el sistema métrico se encontraba desarrollándose. Sucede poco tiempo después del ajusticiamiento de Luis XVI y a pocos días del asesinato de Marat, héroe de la revolución.

agosto de 1793: La prueba resulta exitosa. Aunque el sistema depende de la buena visibilidad y funciona solo de día, llama la atención del gobierno más como promesa que como realidad, dado que las dificultades técnicas son enormes.

septiembre de 1793: La Convention otorga honores y recursos a Chappe. Él se dedicaría a pensar los sistemas y sus hermanos a construirlos. Va diseñando nuevas codificaciones con el fin de otorgar fidelidad a los mensajes.

mediados de 1794: La línea de París a Lille resulta tan exitosa que se le otorga prioridad entre los asuntos de la Convention. La toma de Condé-sur-l'Escaut y su comunicación a París en menos de una hora resulta asombrosa. Aunque las contrarrevoluciones de los realistas y las rencillas entre jacobinos y girondinos hacen peligrar la Revolución, los Chappe siguen sumergidos en su proyecto.

octubre de 1795: Los contrarrevolucionarios protestan armados en las Tullerías. Se le encomienda a Napoleón Bonaparte -un desconocido general jacobino- la defensa. El triunfo en defensa de la Convention lo convierte en una figura respetable y comienza a destacarse. La visita a la casa Chappe es ficcionada, pero útil para poner en contacto a Napoleón con Abraham Chappe, quien luego extendiera el sistema por toda Francia.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Gente ignota: Chappe II

Claude Chappe
1790: - Claude...
- Dime, Ignace...
- Te la pasas jugando a las burbujitas. Necesito que me prestes atención, ¡soy tu hermano mayor!
- Te he prestado suficiente atención, así como el poco dinero que pude ahorrar de mi sinecura religiosa. Sería momento que me devuelvas un poco de cada una de esas cosas, ¿no te parece?
- Es que estás todo el tiempo con tus experimentos de burbujas explosivas...
- Estoy buscando el modo para volver a tener una vida digna, Ignace, sobre todo para mamá, que no está acostumbrada a pasar apuros.
- ¡Ja! Haciendo globitos como los niños...
- No es para niños. Mira. Hago una burbuja con este gas que tanto ha estudiado Lavoisier y...
- No veo nada. Es aire.
Antoine Lavoisier
- Es un gas extraño. Lavoisier lo llamó hidrógeno, porque con él puede producirse agua.
- Fantasías...
- Y además, este gas es combustible.
- Más fantasias. Los combustibles son líquidos como el petróleo o sólidos como el carbón. ¡Jajaj! ¡Gases, qué fantasía!
- Ignace, ¿ves esta gran burbuja de hidrógeno?
- De aire, dirás.
- Si le acercamos un tizón encendido o le cae un rayo, podría explotar.
- ¿No tienes un cuento de gallegos? Este me aburre.
- Eres un necio, Ignace...
- Probaré acercarle un tizón del hogar y desmontaré tus fantasías de un solo reventar anodino de burbujas. A veeerrrr...
- ¡No, Ignace!
¡¡Booommm!!
- ¡¡Aaauuuu!!
- Te lo advertí.
- ¡Ma mutísima mamre me mo remarió!
- Oh, tienes ampollas hasta en la lengua.
- ¡¡Mlaude, emes un gemio!! ¿E omros immentos mienes mara mosmrarme?
- Bueno, estoy diseñando un sistema para enviar mensajes a distancia. Pero necesito ayuda, solo no puedo hacerlo. Solo si me devolvieras un poco de atención...
- ¡Mamos a ma omra!

Sistema sincronizado
marzo de 1791: -¡Attention, mesdames et messieurs! Quiero mostrarles el invento más revolucionario desde la rueda y la imprenta.
- [multitud] ¡Ohhh! ¡Qué interesante! ¡A ver! ¡A ver!
- ¡Se trata del incomparable sistema sincronizado!
- ¡Ohhh! ¡Sincroni, ¿qué?!
- Es una especie de reloj de péndulo que señala el número a transmitir visualmente. Una serie de números responde a diferentes códigos y asi pueden transmitirse palabras o ideas.
- ¡Ohhh! ¡¡Chappe genio!! ¡¡Ídolo!!
- Veo que entendieron. Mejor así, porque...
- No entendieron nada, Claude. Pero, como suele suceder con la multitud ignorante, suponen que un discurso inextricable equivale a erudición.
- Disculpe... ¿Usted es..?
- André François Miot de Mélito, para servirle. Mi amistad con su hermano Ignace me trajo hasta aquí. Él dice que usted es un genio y yo no soy quién para contradecirlo.
Miot de Mélito con su familia
- Monsieur Miot de Mélito, no imaginé que...
- Sí, me interesa. Sepa usted que mi presencia equivale a la de toda la gente de ciencia y filosofía de Francia. Así como también la alta sociedad, imagine que siendo servidor de Luis XVI, los revolucionarios me han respetado y asignado tareas. Por algo será...
- Claro, claro...
- Bien, cuénteme mas, Claude.
- Bueno, ya ideé un sistema de códigos que permite en base a una sencilla traducción enviar los mensajes sin que nadie que conozca el libro de equivalencias pueda interpretarlo.
- ¡Interesantísimo!
- En esta prueba hemos obtenido un resultado satisfactorio enviando mensajes por 14 kilómetros entre Brulôn y Parcé.
- ¡Ohhh! ¿Y cómo saben que llegó el mensaje?
- Bien, pensé en todo. Hay una campana que puede hacerse sonar para...
...
- Monsieur, ¿me escucha?
- Ehhh, sí, sí, perfeccionalo, ¡me tengo que ir!
- ¿Por qué ese apuro, monsieur Miot de Mélito?
- Es que se acercan los seguidores de Robespierre, ¡todo lo extraño que ven y no comprenden, lo creen una conspiración monárquica!
...
¡Trac! ¡Socotroc! ¡Crash!
- Noooo, ¡mi preciado invento! Snif...
- ¡Llámese a silencio! Usted fue clérigo, ¡no nos engaña!
- Sí, snif... pero... con mi hermano Ignace Chappe hemos... snif...  decidido unirnos a la revolución.
- ¿Ignace Chappe? Oh, es un digno revolucionario.
- ¡No lo puedo creer! ¡Tanto trabajo destruido!
- Le ayudamos, señor, estas astillas servirán para algo. Allá hay unas manecillas de reloj, más acá un péndulo. Le juntamos todo y se lo armamos. Disculpe, ¿vio?
- Basta. Esto solo servirá para darme más impulso. Exigiré una presentación en la Asamblea Nacional.
- Recuerde, Chappe, que últimamente los que se presentan a exigir a la Asamblea son guillotinados...
- Glup... Tampoco tengo tanto apuro.

Asamblea nacional
marzo de 1792: - Señores de la Assemblée Législative, hemos solicitado audiencia para mostrar las bondades de un nuevo sistema de comunicaciones que rendirá muchos frutos a Francia.
- Chappe, no venga con artefactitos inoperantes, el país está asediado por muchos frentes, externos e internos. Inglaterra, Prusia, España, Holanda y Austria -países monárquicos- ven con malos ojos nuestra revolución republicana y hostigan nuestras fronteras. Incluso en Marsella y Lyon tenemos focos de reacción de los partidarios de Luis.
- Espero que la Asamblea sea sensata y entienda que nada puede servir de mayor provecho a Francia que un sistema de comunicación que logre conectar a todo el país para organizar la defensa y difundir la revolución.
- ¡Ja! Para eso tenemos correos de postas y palomas mensajeras, funcionan a la perfección. ¡Váyase, Chappe, con sus artilugios a entretener a los tullidos de la guerra!
- Antes de irme, espero me respondan esta pregunta. ¿Cuánto es lo mínimo que tarda un mensaje en llegar de París a Marsella con sus medios infalibles?
- Bueno, son más de 600 kilómetros. En solo cuatro días de buen tiempo, con celeridad y sacrificio, podría hacerse.
- Supongo que con mi sistema -si la Asamblea me apoya con algunos dinerillos- podría hacerse en una hora.
- [coro] ¡¡Una hora!! ¡¡¿Usted está loco?!!
- Bueno, eso es todo, me voy. Si me quieren comunicar algo, los espero en una semana, ¡je!
- ¡Espere! Contará con nuestro apoyo. Pero si no funciona...
- Ya sé, la guillotina... No duden en que se les va a oxidar.
...
- Claude, ¿estás loco? ¡Es imposible!
- Nada de eso, Ignace.
- ¿Y cómo piensas hacerlo?
- No tengo la menor idea, pero conseguimos unos fondos. ¿No era lo que buscábamos?
- ¿A cambio de tu cabeza?
- No será así. Para eso tengo a mis hermanos Ignace, René, Abraham y Pierre, que no permitirán que eso suceda.
- Seguramente, pero... ¿cómo lo harás?
- Tranqui. Algo se me ocurrirá.

septiembre de 1792: - Ignace, ya tengo el diseño, pero estoy trabado con el mecanismo y con los códigos necesarios para transmitirlos.
- Tengo la solución. No te muevas de aquí.
...
¡Toc! ¡Toc!
- ¡Adelante!
- Bonjour, Claude. Sé que me necesita.
- ¡Monsieur Miot de Mélito! ¡Ha vuelto!
- Bueno, los problemas del poder me tienen un poco a mal traer. Apresaron a Luis XVI y parece que lo condenan a muerte. La guillotina está a la orden del día.
- ¡Grap! Mi cogotito...
- No se preocupe, Claude, por ahora. Le traje a un amigo experto en relojería que podrá ayudarlo. Su cabeza aún es valiosa. Le presento a Abraham Bréguet.
- ¡¿El gran Bréguet?!
- El mismo que hace relojes y funcionan por largo tiempo. He vuelto de Inglaterra solo para colaborar con su proyecto.
- Bien, mire estos planos, necesito un mecanismo que moviendo estas manivelas copie la posición de las mismas a un sistemas de paletas que...
- Lo estoy imaginando...
- ¿El sistema? ¡Buenísimo!
- No. Imagino cómo rodará su cabeza. Ese mecanismo es demasiado complejo.
- ¡Ouch!

octubre de 1792: - Claude, ya tengo a quienes te ayudarán con los códigos necesarios. ¡Leon y Prosper Delauney!
- ¡¿Nuestros primos?! ¿Qué saben estos vagos golfantes de códigos?
- Se la pasan entretenidos engañando gente, Claude, hablando cosas que solo entienden entre ellos.
- ¿Y crees que las ideas de estos diletantes servirán para algo?
- ¿Tienes algo mejor?

Bréguet
fines de 1792: - Claude, debo irme a España.
- Monsieur Bréguet, lo necesito conmigo para terminar el proyecto.
- Voy a diseñar un sistema de comunicaciones allí.
- ¡¿Qué?! ¡Se roba mis ideas!
- Nada de eso, haré algo mucho mejor. Ya verá.
- ¡Traidor!
- ¿De qué te quejas? Diseñé el mecanismo que me pediste. Ya te dejé todos los planos.
- Espero que funcione, de lo contrario le pediré a mi hermano Ignace que le haga llegar mi cabeza envuelta como regalo.
...
- Claude, debo irme a Italia.
- ¿Usted también me deja, monsieur Miot de Mélito?
- Estemmm, pero le dejo algunas ideas.
- ¿Ah, sí? ¿Cuáles, que no me enteré?
- Le dejo un nombre apropiado para su invento que aún no vio la luz y no sé si la verá.
- ¡Ja! Excelente aporte, dígame.
- Bueno, son dos.
- Tire de a uno, que atajo.
- ¿Qué le parece semáforo? He creado este término que proviene del griego sema -que significa señal- y foro, un sufijo que signifca llevar, portar. Semáforo es el que lleva señales. ¿No le parece genial?
- ¡Uh, terriblemente genial! Tire el otro antes de que me duerma.
- Telégrafo.
- ¡Ja, horrible!
- También del griego, que resulta culto y a los rústicos de la Asamblea les caerá bien. El término telos significa a lo lejos- y graphos, escribir.
- Semáforo o telégrafo, pésimos nombres, pero sugeridos por alguien influyente como usted... ¡Me niego a usarlos!
- Recuerde que si no cae simpático a la Asamblea quizás no necesite peinarse nunca más.
- Grap, dejemos telégrafo. Quizás semáforo pueda usarse para otra cosa en el futuro.

[continuará]


NOTAS

1790: Claude experimenta con los nuevos descubrimientos físicos y químicos con el fin de obtener sustento para su numerosa familia. Ignace decide apoyarlo.

marzo de 1791: Presenta en Brulôn, un sistema de comunicaciones por señales basado en relojes. Como otros de sus sistemas terminan destruidos por los grupos radicalizados, bajo sospecha de complicidad con la monarquía. Chappe no se asusta y diseña otros sistemas con señal de control de recepción de mensajes. Miot de Mélito, un influyente de alta sociedad, que supo navegar entre la nobleza y el populacho, se interesa en sus desarrollos.

 marzo de 1792: Su hermano Ignace lo presenta a la Asamblea Legislativa. Al principio no le dan importancia, pero logra convencerlos de que su trabajo puede interesar a los fines revolucionarios.

septiembre de 1792: Con Luis XVI finalmente depuesto y camino a la guillotina, Miot le presenta al famoso relojero Abraham Bréguet, quien soluciona el mayor inconveniente del nuevo invento revolucionario de Chappe: operar su sistema de forma sencilla, lo cual requería de un complicado mecanismo que excedía sus conocimientos en el área.

 octubre de 1792: Sus primos Leon y Prosper Delauney diseñan el sistema de símbolos necesarios para codificar casi cualquier tipo de mensaje, aun sin la existencia física del aparato que Claude pergeñaba.

 fines de 1792: Bréguet se lleva algunas de las ideas de Claude a España, pero sin la inventiva suficiente tarda en diseñar un sistema similar, que de todos modos resultó inferior al de Chappe. Su sistema de relojería quedó casi terminado, pero Chappe no tenía la seguridad de que sea eficaz. Miot se va a Italia y negociará con los Bonaparte su participación en Francia. Él propone los términos inventados semáforo y telégrafo para el nuevo sistema. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Gente ignota: Chappe I

Casa Chappe, hoy museo

1763: - Amado y fecundo esposo, nuestro tercer hijo ha nacido el día de Navidad, ¿lo llamarás Jésus, como al salvador?
- Nada de eso, mi querida Marie Renée, reservemos ese sacro nombre para más adelante...
- Glup... ¿más... adelante..?
- Oui, mon amour.
- ¿Piensas tener más hijos, Ignace Urbain? Hemos tenido tres hijos en dos años.
- ¿Ya tres? ¡Cómo se va la vida!
- ¿"La" vida, mi amado? "Mi" vida es la que se va.
- Bueno, un par de hijos más no hace la diferencia. Llamémoslo Claude.

1775: - Amado y fecundo esposo Ignace, ¡por fin has llegado! Nuestro bebé, nacido hace dos meses, ha fallecido de una extraña enfermedad.
- ¿Cuál de todos?
- ¡Ignace Urbain! ¡Desalmado! Ni sabes cuántos hijos tienes...
- No me corras con bravatas, mujer. Mis hijos son Ignace, Marie Marthe, Claude, Pierre, Françoise, Thomas, René, Abraham y Jacques.
- Te olvidas de Antoine -quien tan poco hubo vivido-, el señor lo tenga en la gloria. Y ahora Jacques también, qué desgracia la nuestra. Snif...
- Cést la vie, mon amour. Aprestémonos a dar más hijos a este mundo.
- ¡Glup! ¿No crees que hemos poblado demasiado nuestro paraje de Brulôn, amado Ignace?
- ¡Francia necesita hombres! Los ingleses están en guerra con sus colonias de América y nuestro país favorecerá esa división apoyando a Washington y Franklin. ¡Grandes rutas comerciales nos esperan!
- ¿Yo iré a América, amado padre?
- Nada de eso, petite Claude. Irás al servicio religioso, como tu hermano Ignace, hasta que tengamos mejor panorama. El nuevo rey Luis XVI conducirá a este país a su destino de grandeza.
- Estás perdiendo la cabeza, amado esposo. Luis XVI es un mentecato, lo dicen en todos los mercados.
- Entonces el que perderá la cabeza es el rey, ¡ja!
- ¡Cuida de no perderla tu a causa de un soplamoco de tu padre, meterete!

Coche de Cugnot
1783: ¡Padre! He terminado mi formación religiosa. Ahora puedo ser abad.
- Claude, tienes veinte años, todo un hombre. Cuéntame qué has aprendido de interesante.
- ¿De interesante? Estemmm... bueno... conocí a Cugnot.
- ¿A Cugnot? ¿Y quién carajos es ese Cugnot? ¿Pago tus onerosos y selectos estudios en el Colegio de La Flèche, donde estudió el gran Descartes, para que te relaciones con gente ignota?
- Cugnot es un genio, inventó un carro que funciona a vapor, no necesita caballos ni bueyes que lo arrastren. Hay quienes lo llaman automóvil, es una maravilla.
- Cof, cof... No me hagas reír que se me estrangula la hernia. ¿Y qué más?
Colegio de La Flèche
- Además me integré al círculo físico de París, estamos experimentando con la electricidad y el magnetismo. Tal vez un día puedan enviarse mensajes eléctricos de un lugar a otro.
- Ough. Tengo un pálpito, hijo.
- Lo sé, papá, palpitas que seré un insigne científico, además de religioso, y...
- Tengo un pálpito en el corazón, hijo...
- Lo sé, te has emocionado tanto con mis progresos científicos... 
- Cof... creo que ya no lo tengo...
- Te has quedado sin palabras, padre.
- ...
- Tu padre ha muerto, Claude. Por el gesto de su rostro parece que ha sido a causa de un disgusto.
- Oh, madre, ejem, ejem... ¡Cuántos disgustos le han acarreado cobrar impuestos para el rey!
- Gracias a Dios, sus hijos han sido la alegría de su vida.
- Gracias a Dios, mamá.

Toma de la Bastilla
1789: - ¡Merde, Ignace, se fue todo al mismísimo infierno!
-  No pasa nada, Claude, es solo una revuelta política. Ya volverán las cosas a su lugar.
- Tienes razón. Tiempo al tiempo y todo se solucionará, nada malo puede sucedernos en esta abadía, aquí estamos protegidos y...
¡Toc, toc!
- ¡Ya vaaaa!
¡Tump! ¡Tump!
- ¿Será posible? ¿Quién se atreve a mancillar con ese golpeteo la casa del señ..?
- ¡Calle! El marqués de La Fayette manda avisarles que se apresuren a dejar el clero. Todo lo que suene a eclesiástico está sospechado. Además, muy pronto el estado revolucionario les quitará sus privilegios y sobre todo su estipendio.
- ¡¿Cómo?! ¡¿Tendremos que trabajar?! ¡Eso nunca!
- No seas tonto, Claude. Ya sé qué hacer. Volveremos a Brulôn con nuestra familia, que quedó en la calle con la revuelta.
- ¿Y nos dedicaremos a trabajar, Ignace?
- Tu sí.
- Grap... ¿y tú?
- Me uniré a la Revolución, Claude.
- Pero... nuestro padre trabajó toda su vida al servicio del rey.
- Exacto, ahora el rey es el pueblo, Claude.

[continuará]

NOTAS

1763: Claude Chappe nace en Brulôn, cerca de Le Mans, Francia. Su padre Ignace Urbain Chappe es hijo del barón del lugar, abogado del parlamento y contralor de impuestos del rey en la zona. Es el tercero de diez hermanos, dos de ellos fallecidos de pequeños, tal era común en la época.

1775: En esos años ingresa al Colegio de La Flèche, muy prestigioso, en el cual se brinda educación eclesiástica y en ciencias. Francia apoya la rebelión americana contra Inglaterra, la tensión bélica es inminente. Un año antes coronan rey a Luis XVI.

1783: En La Flèche, Ignace y Claude toman contacto con el mundo científico de su época. Claude se asocia a los investigadores de la electricidad. Su egreso de la escuela coincide con la muerte de su padre.

 1789: Con la Revolución pierde su sinecura, es decir su remuneración por la vida religiosa. Por una u otra causa todos los hermanos quedan desempleados. Ignace y Claude vuelven a Brulôn. Mientras Ignace se involucra políticamente, Claude piensa en trabajar a partir de los aprendizajes que logró en su período de sinecura.